Dios fue Sepultado
Saturday, 27 de January de 2007
La idea de que Dios exista o haya existido no resulta tan descabellada como pudiera parecer. Tampoco resulta tan descabellado que sea un ateo el que pronuncie estas palabras. Para mí, la existencia de Dios no puede ser concebida más allá de un supuesto principio. No logro entenderla como algo no perecedero y castigador.
Creer en su vida no tiene porqué ser un acto irracional. No si fijamos un límite en su definición. Si vemos a un creador y no ha un criador, Dios no es más que una verdad única sumida en la entelequia. Y es que, si nuestra razón no quiere creer en que la existencia pueda surgir de la nada, debemos creer en un principio, debemos asimilar la idea de que Dios, como creador del Universo, ha existido. Hijos del azar, de una teoría explosiva o de la primitiva causalidad, sea como sea, si creemos en un principio, también debemos creer en un momento de creación. Un momento en el que el Cosmos mismo se forme. Un momento de Caos.
Por definición, debe existir. Aunque no sea más que la propia existencia, aunque Dios, dejando las metáforas para otro momento, haya muerto. Y si Dios ha muerto, ¿Qué nos dice eso de él? Qué jamás le importamos. Que nunca creyó en nosotros. El hombre presenció la muerte de Dios. ¡Pudo verle sangrar! Cuando el vacío suplantó al silencio, una ola de inquietudes azotó a la endeble mente. Las almas se vieron desiertas. Las almas no podían ver el polvo de las dunas zozobrar. Fue entonces cuando el hombre dio muestras de su capacidad de deformar el entorno. Revivió a Dios. Le hizo renacer, pero esta vez no como un principio. Esta vez lo hizo nacer como algo eterno, algo que no les pudiese abandonar. ¿Cuando piensa el hombre deshacerse de ese cómico arlequín? ¿Cuando piensa caminar descalzo? ¿Cuando piensa ver que Dios, ha muerto?